En 2020, todas las empresas se vieron obligadas a cambiar drásticamente de rumbo debido a COVID-19, destacando la importancia y la fragilidad de los planes de negocios. Para capear la turbulencia continua, independientemente de cómo se manifieste, las empresas deben incorporar agilidad y resiliencia en sus presupuestos, especialmente en lo que se refiere al compliance.

Asimismo, dado que hoy en día muchos empleados están teletrabajando, las empresas tienen sus equipos reubicados y se utilizan plataformas digitales que eliminan capas de burocracia y gestión. Esto conduce a la aparición de nuevos riesgos y responsabilidades inherentes al uso de algoritmos en el análisis de datos y el uso de inteligencia artificial.

Para mitigar los riesgos derivados de esta vulnerabilidad de los negocios, será necesario integrar una estrategia de compliance en la estrategia de negocio de la empresa, con el fin de evitar inconsistencias entre el modelo de cumplimiento y dicha estrategia de negocio, lo cual debe ir acompañado de una cultura corporativa que permita la rápida adopción de nuevos procesos, capacitando rápidamente a los equipos independientemente de dónde se encuentren.

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