La tendencia que se ha desarrollado silenciosamente durante años, pero que se acelera a una velocidad vertiginosa desde la pandemia de la Covid-19, se conoce como “automatización de procesos robóticos”.

La pandemia de la Covid-19 ha llevado a algunas empresas a recurrir a la automatización para hacer frente a la creciente demanda, oficinas cerradas o limitaciones presupuestarias. Pero para otras empresas, dicha pandemia ha proporcionado cobertura para que los ejecutivos implementen ambiciosos planes de automatización que soñaron desde hace mucho tiempo.

Contrariamente a los temores sobre que la robótica traerá consigo pérdida de puestos de trabajo, el Foro Económico Mundial predice que la automatización dará como resultado un aumento neto de 58 millones de puestos de trabajo. Aproximadamente dos tercios de los trabajos transformados por la automatización se volverán más calificados, mientras que el otro tercio serán menos calificados.

El temor de que las máquinas dejen sin empleo a grandes números de personas es erróneo y exagerado. Al hacerse cargo de la monotonía de las tareas repetitivas y el peligro de las más peligrosas, se espera que la automatización robótica libere a los humanos para realizar trabajos más desafiantes: interactuar con los clientes, desarrollar mejores productos y, sí, administrar esos robots ellos mismos.

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